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Resignificación en el liderazgo y la gerencia

  • By Rómulo Castro Cáceres
  • agosto 8, 2020
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Una de las inclinaciones más promisorias de las neurociencias aplicadas consiste en investigar cómo el cerebro construye los significados.

En el mundo organizacional, estas aplicaciones son muy útiles para incorporarlas a nuevos conocimientos y nuevas habilidades de los miembros de la empresa, desde su personal de base hasta sus líderes ejecutivos. Además, son primordiales para desmontar las malas experiencias vividas en el día a día y para desarmar la influencia que perjudica a las personas y la dinámica de la empresa.

La nueva visión de las neurociencias aplicadas llama “resignificación” a esta última acción de “desarmar” los recuerdos que nos influyen negativamente.

No podemos cambiar los sucesos del pasado, pero sí podemos cambiar el significado que les damos; y en consecuencia, los pensamientos y las emociones que tenemos en referencia a ello.

Esto es importante porque el cerebro actúa asociando ideas. Por ejemplo, si hemos vivido algo que nos ha marcado, no queremos que nos condicione en el futuro porque relacionamos aquello que nos sucede en el presente con lo que nos sucedió en el pasado y las emociones asociadas a aquel suceso del pasado. Ello, en muchas ocasiones actúa limitándonos.

¿Cómo podemos darle un nuevo significado a los acontecimientos pasados?
Primero, respetando aquello que nos sucedió, extrayendo el aprendizaje y la lección de vida, quedándonos con lo positivo de la experiencia, porque de este modo se logra conectar con la emoción diferente, más positiva y útil.

La resignificación se fundamenta entonces en hacer un esfuerzo real y “significativo” de reflexión con el objetivo de valorar la situación negativa que genera molestia, enfocando exclusivamente los elementos de aprendizaje de dicha situación y fijando imágenes positivas en el sistema límbico, que estimulen un cambio en la química cerebral y mayores conexiones en el entramado neuronal, que nos permita vivir una verdadera experiencia de aprendizaje y de “normalización” de las emociones.

Por ejemplo, si tuviste una mala relación o experiencia con algún jefe o compañero de trabajo, puedes ver más allá, quedándote con el aprendizaje, interpretándolo como una señal de que para seguir desarrollándote tu siguiente paso es aprender a ponerte límites, a respetarte y a hacer valer tu opinión; como una señal de lo que debes ir trabajando para tu propio crecimiento.

De esta forma, como líder estarás pasando de la posición de víctima a la posición de responsable de tu vida y de actuar con proactividad. Así estarás impulsando el desarrollo de tu comunicación, de tu asertividad, entre otros aspectos partiendo de este ejemplo en particular.

Resignificar entonces te ayuda a aceptar, a perdonar y a perdonarte. Extraer esta parte positiva de aprendizaje es sentir que se trata de la misma situación, pero con una actitud diferente en la que el cerebro se coloca en “modo solución” abandonando la queja.

Otro ejercicio para alcanzar una resignificación efectiva es hacerte las siguientes preguntas:

  • Qué significado le has dado al problema o situación que tuviste.
  • Qué aspectos positivos descubriste de ti mismo en esa situación.
  • Qué oportunidades te aparecieron a raíz de haber pasado por esa situación.
  • Qué te permitió aprender aquella situación.
  • Cuán predispuesto estás a buscar el aspecto positivo de la situación.

En este caso, el trabajo de los líderes organizacionales es fundamental, primero porque deben asumir el reto de comprender, interiorizar y entrenar la “resignificación”; y luego de convertirlo en práctica personal permanente, deben modelarlo a sus supervisados, a sus pares, e incluso a sus propios jefes.

Como explica el investigador y experto en neurociencias Néstor Braidot, “todas las personas pueden cambiar su cerebro para lograr un rendimiento mental de alto nivel mediante un diseño que, además del entrenamiento focalizado en cada función, incorpore procesos auto dirigidos”. Braidot plantea particularmente que estos proceso permitan lograr “neuroplasticidad”, que es la capacidad y flexibilidad que tiene el cerebro para adaptarse a los cambios a través de redes neuronales; y la “neurogénesis” que es el nacimiento de células nuevas, como resultado de un aspecto clave en la plasticidad neuronal, sobre todo en procesos como el aprendizaje, la memoria y las acciones requeridas para ejercer un verdadero liderazgo organizacional.

Las investigaciones y los resultados de la neurociencia aplicada como disciplina científica del estudio del cerebro, se abre camino cada vez más como una verdadera revolución que busca potenciar las habilidades y el conocimiento de las personas y las organizaciones.

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Rómulo Castro Cáceres

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Consultor, mentor y formador de líderes en habilidades y competencias de Comunicación.

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